Cleveland Museum of Art · Sala 223

La Vie: el cuadro que Picasso repintó tras el suicidio de su amigo

La cumbre del período azul de Picasso no siempre mostró lo que muestra hoy. Una radiografía reveló que Picasso se había pintado primero a sí mismo en el lugar del personaje central, antes de cambiar de idea. A su alrededor, en la misma sala, otro Picasso, un Modigliani, un Matisse, un Braque y un Kupka componen un recorrido fulgurante por el arte occidental entre 1903 y 1930.

Salas y obras verificadas en la base de colecciones del museo

Un amigo muerto, un color que se instala

En febrero de 1901, el pintor y poeta Carlos Casagemas, amigo cercano de Picasso desde sus años bohemios en Barcelona y luego en París, se suicida tras una ruptura amorosa. Picasso contaría mucho después a su amigo y biógrafo Pierre Daix: «Fue pensando en Casagemas cuando empecé a pintar en azul.» Se abre así el período azul (1901-1904), años de pobreza y melancolía traducidos en una paleta casi monocroma. Todas las obras presentadas aquí cuelgan en la misma sala del museo, la 223, dedicada a la vanguardia del siglo XX.

1. La Vie, un autorretrato oculto bajo la capa final

La Vie, pintado en 1903, está considerado la cumbre de ese período. Una radiografía del cuadro reveló que una versión anterior, hoy invisible a simple vista, mostraba al propio Picasso en el lugar del hombre desnudo que domina la composición —antes de que sustituyera su propio rostro por el de Casagemas. El cambio no es trivial: lo que el cuadro muestra finalmente ya no es un autorretrato disfrazado, sino un homenaje directo al amigo desaparecido, situado en el centro de una escena que mezcla pobreza, deseo y duelo.

La composición enfrenta a una pareja desnuda —el hombre abrazando a una mujer que parece casi desplomarse contra él— con una mujer completamente vestida que sostiene a un bebé envuelto en pañales. Las lecturas propuestas desde hace más de un siglo varían: una escena realista de miseria urbana, una alegoría de las edades de la vida, o una meditación personal de Picasso sobre la pobreza y el duelo. Ninguna de estas lecturas ha sido confirmada por ningún escrito del propio Picasso: el cuadro sigue siendo deliberadamente ambiguo.

2. El harén, cuando el azul vira al rosa

El harén, pintado en la primavera-verano de 1906, marca el paso de Picasso al período rosa: seis figuras —un hombre sentado, musculoso, sosteniendo una flor y una vasija, rodeado de cinco mujeres desnudas que se bañan, se peinan o se estiran— bañadas en tonos cálidos, rosados y anaranjados, que contrastan radicalmente con la paleta de La Vie, pintada tres años antes. Picasso realiza los estudios preparatorios de este cuadro durante una estancia en España con su compañera Fernande Olivier, que le sirve de modelo; es su primera gran composición que reúne a varias figuras desnudas.

Ver ambos cuadros en la misma sala permite medir, en apenas unos años, la magnitud del cambio de tono en Picasso: del duelo y la miseria del azul a una sensualidad más despreocupada, todavía alejada del cubismo que inventará pocos años después.

3. Modigliani y Matisse, dos rostros de mujer

El Retrato de mujer de Amedeo Modigliani, pintado hacia 1917-1918, muestra a una modelo no identificada en el estilo característico del pintor: un rostro ovalado y alargado, un cuello estirado, colores apagados. Modigliani, llegado a París en 1906, se convierte en una de las figuras de la vanguardia parisina sin pertenecer nunca formalmente a un movimiento organizado, a diferencia de sus vecinos de sala cubistas o fauvistas.

Dos mujeres, escultura en bronce realizada por Henri Matisse hacia 1908, es la única escultura de varias figuras que Matisse llegó a realizar. Inspirada en una fotografía publicada en 1907 en la revista etnográfica L'Humanité feminine, muestra dos siluetas femeninas en posturas casi idénticas pero sutilmente distintas —una con las piernas juntas, la otra separadas, con los brazos dispuestos de otro modo— de manera que el conjunto muestra a la vez una vista frontal y una vista trasera del cuerpo humano.

4. Braque y Kupka, dos caminos hacia la abstracción

Guitarra y botella de aguardiente de orujo sobre una mesa, pintada por Georges Braque en 1930, pertenece a una serie de grandes bodegones realizados entre 1928 y 1932: una botella de aguardiente, una partitura y un frutero con dos manzanas se disponen sobre un mantel blanco, con una factura rica, de superficies trabajadas, en la que la arena mezclada con la pintura da una textura casi táctil.

Amorpha, fuga en dos colores II, pintada por František Kupka en 1910-1911, parte en cambio de un motivo figurativo —su hijastra jugando con una pelota en un jardín— que el pintor considera imposible de fijar en el lienzo en su movimiento real. De ahí extrae una composición enteramente abstracta, amplias curvas de color que traducen el gesto de la niña y la trayectoria de la pelota en lugar de su apariencia: uno de los primerísimos pasos hacia la pintura abstracta pura en la historia del arte moderno. Vista junto al Braque, todavía ligado a un objeto reconocible, la tela de Kupka muestra hasta qué punto la misma década vio convivir respuestas radicalmente distintas a la cuestión de la representación.

5. Rouault y Vuillard, dos temperamentos muy distintos del azul de Picasso

Cabeza de Cristo, pintada por Georges Rouault hacia 1937, muestra un rostro barbado de ojos expresivos, vuelto hacia la izquierda, ceñido por los gruesos contornos negros que Rouault heredó de su aprendizaje en un taller de vidrieras —quería que fuera, en sus propias palabras, «a la vez una imagen sagrada y la representación de un ser mortal». Católico convencido, opone a una sociedad que consideraba cada vez más materialista una pintura religiosa de una intensidad casi cruda, en las antípodas de la melancolía contenida del Picasso azul colgado en la misma sala.

Bajo los árboles, pintado por Édouard Vuillard en 1894, es uno de los nueve paneles de una serie decorativa que muestra niños jugando en los jardines de las Tullerías y el Bois de Boulogne —aquí, una niña se esconde detrás de un árbol durante una partida de escondite, mientras otras figuras descansan a la derecha de la composición. En lugar de una escena realista, Vuillard construye la imagen a base de franjas de motivos coloridos y decorativos, de modo que el temple sobre tela recuerda casi a un tapiz.

Cuánto tiempo

Ocho obras en una sola sala: calcule casi una hora para verlas todas; un cuarto de hora basta para La Vie por sí sola —la radiografía no es visible in situ, pero saber que existe cambia la forma de leer los rostros pintados.

  • Antecedentes sobre Casagemas y el período azul — 5 minutos.
  • La Vie (Picasso) — 10 minutos.
  • El harén (Picasso) — 7 minutos.
  • Retrato de mujer (Modigliani) — 6 minutos.
  • Dos mujeres (Matisse) — 6 minutos.
  • Guitarra y botella de aguardiente de orujo sobre una mesa (Braque) — 6 minutos.
  • Amorpha, fuga en dos colores II (Kupka) — 6 minutos.
  • Cabeza de Cristo (Rouault) — 7 minutos.
  • Bajo los árboles (Vuillard) — 7 minutos.

Fuentes y verificación

Verificado en la ficha oficial del Cleveland Museum of Art (clevelandart.org) y contrastado con Wikipedia ES/EN.

La presentación de las obras y la apertura de las salas pueden cambiar. Compruébalo en la web del Cleveland Museum of Art el día de tu visita antes de seguir el recorrido.

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